Decálogo de recomendaciones para medios y periodistas de sucesos de catástrofe

Estas recomendacione elaboradas por el Colexio Profesional de Xornalistas de Galicia parten de la base de que tanto las personas directamente involucradas en la tragedia como sus familiares están pasando por momentos muy difíciles, y merecen no estar expuestos a la luz pública o aumentar su dolor a través de cualquier medio.

1. El derecho a la privacidad y a la propia imagen en el caso de los protagonistas de eventos que tienen características de una catástrofe. Además de su papel forzado en las noticias, es necesario respetar la esfera privada de las personas afectadas directa e indirectamente —las víctimas y también sus familias— de tal manera que su derecho a preservar su privacidad en estas circunstancias tan dramáticas esté garantizado. La publicación de las listas de los afectados, que es propia del periodismo de servicio, no debe hacerse con datos personales que no sean relevantes para el caso. En relación directa con lo anterior, los fotoperiodistas y las cámaras de televisión deben respetar el derecho que también les ayuda a no permitir la captura en la escena del evento de imágenes en las que tengan algún tipo de protagonista. Aunque no tengan una indicación expresa en contrario, es recomendable abstenerse de utilizar aquellas imágenes que puedan provocar la degradación de las víctimas. En el caso de los menores, debe evitarse en la medida de lo posible convertirlos en protagonistas de la información.

2. Respetar el dolor y sufrimiento de las víctimas. Tanto los directamente implicados en la tragedia como sus familiares y familiares están pasando por tiempos muy difíciles, y merecen no ser expuestos a la luz pública ni ser potenciados de ninguna manera. Por ello, es necesario evitar la publicación de primeros planos de personas en situaciones de sufrimiento, así como el acoso y el interrogatorio en situaciones inapropiadas. Su dolor debe estar, en todo momento, por encima de la búsqueda de información en los medios, que en muchos casos también puede convertirse en una mera búsqueda de la enfermedad. Del mismo modo, es necesario tener precaución al publicar imágenes de tragedias pasadas, para no despertar recuerdos dolorosos que aún pueden estar latentes en los afectados.

3. Hay que evitar conjeturas e hipótesis sobre la tragedia. A veces, los medios se utilizan para especular sobre las causas, consecuencias u otros aspectos del evento. Sin embargo, en el caso de tragedias humanas, este tipo de información puede aumentar la angustia y la preocupación de las víctimas, además de ser perjudicial para el honor o la imagen de terceros. Por ello, es necesario basarse en fuentes expertas y oficiales, y siempre marcar cuando se enfrenta a una hipótesis. En el caso de listas de fallecidos o víctimas, siempre es necesario esperar los datos oficiales y nunca proporcionar información antes de que las personas afectadas estén al tanto.

4. La información debe proporcionarse de forma responsable, sin contribuir a la creación de situaciones de psicosis. Tragedias de gran magnitud pueden causar pánico entre la población general, algo a lo que los medios de comunicación suelen contribuir con información irresponsable. Por tanto, es necesario evitar que noticias que normalmente no estarían en la agenda mediática queden «pegadas» a una tragedia actual, dando la impresión de que su aparición es más común de lo habitual. Por el contrario, es recomendable reducir la preocupación del público lo antes posible para evitar una psicosis colectiva.

5. La distinción entre reconstrucciones, recreaciones ficticias, hipótesis y hechos debe estar siempre perfectamente marcada. En la mayoría de los casos, la investigación de una tragedia lleva meses o años, por lo que las causas exactas o los procesos no se conocen hasta mucho después de que el evento ocupe espacio en los medios. Los gráficos en la prensa y las reconstrucciones o recreaciones en televisión deben identificarse por lo que son, hipótesis y probabilidades, sin inducir a la audiencia a errores.

6. La información proporcionada por las personas afectadas debe ser evaluada y comparada, como en el resto de la información. Desgraciadamente, no se puede justificar ser el protagonista de una tragedia por introducir ningún tipo de información en la agenda mediática. El dolor y la desesperación a menudo conducen a declaraciones y acusaciones sin ningún tipo de prueba, por lo que el periodista debe seguir activo en su papel de guardián que evalúa la información, considerando a las víctimas por lo que son, fuentes directas y no expertos. Del mismo modo, es necesario distinguir entre lo que es y lo que no es noticia en la información proporcionada por las personas afectadas. En algunas ocasiones, las víctimas pueden proporcionar, motu proprio, detalles sensacionalistas que deben descartarse al construir la información.

7. Es especialmente importante cuidar el idioma y evitar recursos espectaculares. Más que nunca, los adjetivos y clichés que dramatizan el evento deben eliminarse del léxico utilizado, así como el uso de un lenguaje efectivo. En el caso de los medios audiovisuales, no se pueden permitir recursos que solo tienen una función espectacular, como la música, los efectos de sonido o los filtros.

8. Si es necesario, todo tipo de imágenes, sonidos y declaraciones deben ser editados. El uso de material no obtenido directamente por el periodista debe ir acompañado de una edición que extraiga solo lo que sea informativo. Por lo tanto, no se puede permitir el uso total de imágenes de vídeos amateurs y sin eliminar los comentarios del entorno. Además, para garantizar el anonimato de las personas afectadas y el seguimiento de las buenas prácticas, puede ser imprescindible editar todo tipo de material, que debe estar correctamente señalado, si procede.

9. La distinción entre víctimas no es admisible. Asignar una diferencia en «gravedad» o «interés informativo» a diferentes víctimas en función de su nacionalidad, estatus, raza, edad, sexo o cualquier otra condición no es más que una forma de discriminación. Para no establecer comparaciones perjudiciales para parte de las personas afectadas o la población, es necesario eliminar este tipo de gradación.

10. En el caso de tragedias causadas por acción humana, conscientes o no, es necesario expresar exactamente quién está implicado. El uso de términos genéricos como «islamistas» o «controladores de tráfico aéreo» difunde sospechas y acusaciones a amplios sectores de la población, como toda una congregación de creyentes o toda una profesión. Por tanto, es necesario buscar el mayor rigor posible para no provocar malentendidos ni desacreditación generalizada.

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Lee aquí el original en gallego en la web del Colexio Profesional de Xornalistas de Galicia. 

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