Violencia contra as mulleres nos medios de comunicación. Libro de estilo para xornalistas es una publicación que tiene como objetivo ser una herramienta práctica orientada a elevar el rigor informativo, erradicar el sensacionalismo y ofrecer pautas éticas ante las violencias sexistas. Ha sido elaborada por el Colexio Profesional de Xornalistas de Galicia (CPXG), en colaboración con la Xunta de Galicia y en el marco del Pacto de Estado contra la Violencia de Género, con el apoyo de un grupo de trabajo de periodistas en activo
En su primera parte, la guía analiza el marco conceptual y cuestiona la definición legal restringida que predomina en España, la cual acota la violencia de género casi en exclusiva al ámbito de la pareja o expareja. Frente a este enfoque limitado, el manual aboga por una perspectiva integral respaldada por convenios internacionales como Belém do Pará o Estambul, entendiendo la violencia machista como un fenómeno estructural ligado a la desigualdad de poder. El texto advierte de que calificar como simples «sucesos» las agresiones sexuales fuera de la pareja, la violencia vicaria, la violencia digital, la económica, la simbólica o la explotación sexual fragmenta el discurso mediático e invisibiliza su raíz común. Asimismo, la guía aborda debates terminológicos clave, desaconsejando eufemismos como «porno de venganza» o «maternidad subrogada» en favor de conceptos rigurosos como «difusión no consentida de imágenes íntimas» o «vientres de alquiler», además de examinar la dimensión política de términos como «víctima» y «superviviente».
La segunda mitad de la obra ofrece un libro de estilo práctico articulado en decálogos y claves de redacción para el ejercicio periodístico diario. Entre sus recomendaciones principales, el documento exige trasladar estas informaciones fuera de las páginas de sucesos para situarlas en un plano de relevancia política y social. Insta también a eliminar el morbo y las estrategias de clickbait, evitar estereotipos o juicios de valor que alimenten el mito de la «víctima perfecta» y descartar fuentes no cualificadas como los relatos vecinales. Por el contrario, se defiende el empleo de la voz activa para señalar la responsabilidad de los agresores, el recurso a fuentes expertas y el respeto escrupuloso al anonimato, la dignidad y la difusión de información de servicio útil para las mujeres.
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